21 de Enero de 2007n
Eduardo Garcia no está convencido de que este terminal vaya a traer algo relevante al mercado.
Vaya por delante mi posición, el i-phone de Apple no será un éxito comercial en Europa.
No hay duda de que la campaña de marketing ha sido estupenda, ya que estamos ahora mismo hablando de un producto que no debiera haber causado tanto revuelo, salvo por el hecho de que es un sistema operativo mac y que es el primer terminal de una empresa como Apple. No aporta ninguna novedad tecnológica al mercado, puesto que es un terminal que incorpora un disco duro, un reproductor de audio y video, una pantalla táctil y wifi, es decir, nada nuevo que no tengan ya decenas de terminales en el mercado.
La idea sobre la que se sustenta el i-phone es muy lógica: si llevo mi i-pod y mi móvil, ¿por qué no llevar únicamente un dispositivo?. Acabamos de identificar al comprador potencial, un usuario de i-pod. Un i-pod presenta un modelo de interacción bastante sencillo en comparación con un terminal de pantalla táctil, ahora bien, ¿cuántos usuarios de i-pod estarían dispuestos a cambiar su terminal por uno sin teclado y con pantalla táctil?. No es lo mismo escribir mensajes, manejarte en una agenda,…si uno está acostumbrado a un terminal “clásico”. Acabamos de acotar al usuario potencial, deberá de ser alguien dispuesto a sacrificar el modelo de interacción clásico en un terminal y manejarse mediante una pantalla táctil como si de una PDA se tratase. Por último está el precio del terminal, cerca de los 500$, precio excesivo para un terminal GSM cuatribanda, puesto que en Europa las ventas ya están orientadas no sólo al 3G sino al 3.5G.
Así pues, el usuario objetivo será un usuario de i-pod, dispuesto a sacrificar el modelo de interacción clásico en un terminal, y que además esté dispuesto a pagar por el i-phone el mismo precio de un terminal de gama alta de un fabricante tradicional con mejores prestaciones. Es decir, tenemos un índice de penetración de mercado bastante reducido y únicamente un modelo de terminal.
En el mundo de las comunicaciones móviles la cadena de valor tradicional es usuario > operador > servicio. Apple pretende posicionarse en la cadena de valor entre el usuario y el operador, con lo que contará con el rechazo de los operadores a su posición de fuerza, sin contar con la competencia agresiva que se espera de los fabricantes tradicionales de terminales.
Por otro lado, el terminal correrá sobre MacOSX, pero será un sistema operativo cerrado con sus APIs no públicas. De esta manera, todos los desarrolladores Mac del mundo web no podrán exportar sus programas o widgets al terminal, más allá de aplicaciones sencillas que no requieran de recursos claves del terminal (sistema de ficheros, clientes nativos, JSRs,…). Con ello Apple se guarda la llave del terminal, ya que cualquier servicio o aplicación desarrollados para el terminal deberán pasar a través de sus manos o de sus licencias. Esta posición de privilegio también tiene su desventaja, ya que los principales suministradores de aplicaciones y servicios móviles no disponen de versión Mac de sus productos (Blackberry, Wayfinder, TOMTOM, Seven, …) y muy posiblemente no opten por desarrollarlos, ya que el número de terminales compatibles y usuarios objetivo es todavía muy bajo para ser rentables. Así pues, tenemos un terminal de precio elevado sin posibilidad de servicios de valor añadido, salvo aquellos que Apple desarrolle o quiera habilitar.
Sabiendo lo limitado que se presume al índice de penetración del terminal, la no disponibilidad de servicios y aplicaciones de primer nivel, las reticencias que se esperan de los operadores (más allá de que alguno compre algunas unidades para ganarse la portada) y la competencia que encontrará del resto de fabricantes de terminales, ¿no le hubiese valido la pena a Apple haber ido inicialmente de la mano de un fabricante de terminales para este primer lanzamiento?