Desde que empezamos con la escuela he tenido que oir decenas de veces “pero, ¿eso no lo hace ya el Instituto de Empresa?”, en lugar de dar una larga lista de razones, la mayoría bastante evidentes, de por qué los dos proyectos son esencialmente diferentes, suelo preguntar si creen que KaosPilot y el IE tienen la misma función en un ecosistema educativo.
Como la mayoría no conoce esta escuela danesa, que se autodefine como formadora de emprendedores sociales, al final me toca volver a la enumeración de razones.
El domingo pasado me encontré por casualidad el ejemplo que usaré a partir de ahora para explicar las diferencias entre proyectos tipo KaosPilot y escuelas de negocio más tradicionales.
Terminaba mi estancia en Dinamarca y andaba buscando un sitio de alquiler de bicis para darme una vuelta por Copenhague con mi chica, el hotel me dirigió a una pequeña tienda un par de calles más allá. La tienda, que parecía bastante convencional, escondía un proyecto francamente interesante. El proyecto es el trabajo de fin de carrera de Henrik, un estudiante de KaosPilot, que ha decidido aprovechar las más de 400.000 bicicletas que se deshechan en Dinamarca cada año para convertirlas en fuente de riqueza en 3 países africanos.
Todo pensado desde un modelo empresarial, que incluye el reciclado de ciertas bicis para alquilarlas en Copenhague y que evolucionará hacia el diseño y producción de sus propios modelos.
Baisikeli es una empresa cuyo objetivo final no es maximizar el beneficio de los accionistas, sino permitirles vivir según sus expectativas mientras ayudan a otros a generar su propia riqueza.
Puede que muchos piensen que no se trata de la formación que recibes, sino de para qué la empleas. Y en casos aislados, estoy totalmente de acuerdo, pero lo que consiguen estos nuevos tipos de escuelas de negocio es convertir lo casual en estructural.
La gente que se forma en estas escuelas, ya se acerca a ellas porque comparten una serie de valores, y allí, los casos en los que trabajan, los espejos en los que se miran para reconocer el éxito, la red social que generan, les permiten abordar estos proyectos de emprendimiento social de una forma mucho más sólida que a personas formadas en otros centros (de la misma forma que un MBA por el IE está mejor equipado para afrontar otros retos).
No se trata de ver si un modelo invalida al otro, sino de crear un ecosistema donde diversos modelos convivan, se enriquezcan y se contaminen.
Llevo un tiempo callado, no por gusto, sino por falta de algo intersante que decir. Desde hace unos meses se me ha agarrado al cuello esa parte desagradable del trabajo que (parafraseando a Saza) “no nos gusta a nadie, que lo tengo yo hablado con todo el pueblo”, que nos resta la inspiración y se lleva la energía constructiva.
Parece que la cosa amaina y que voy recuperando aliento para reflexionar y escribir sobre lo que me mueve y no sobre lo que me frena. La semana que viene me marcho a Copenhague a conocer a una serie de amigos de Anna Kirah, de los que espero conocer de primera mano el fenómeno danés (del frikadelle a la innovation nation en media generación), y con los que espero recuperar totalmente mi tono cerebral.
Ya iré contanto lo que aprenda.
Cosa que haré también en mi charla de la desconferencia de este sábado, donde si tode va bien, espero poder contar al respetable “Las 10 cosas que he aprendido en los dos últimos años”. Dado que han sido 2 años muy viajeros, espero poder asociar cada una de esas ideas a un lugar del mundo y hacer el recorrido experiencial sobre un mapa personalizado de Google Maps. (A ver qué sale. Si me queda algo digno lo enlazaré aquí).
En otro orden de cosas, no puedo dejar de decir que vi.vu (nuestra red social de salud y bienestar) ya está abierto al público. Estamos a años luz de donde estaremos, pero hemos decidido probar la idea con fuego real para aprender de ella. No sabemos lo que tenemos entre manos y hasta que no lo veamos en manos de otros no nos vamos a dar cuenta, así que hemos parido un sietemesino.
Lo malo de tener un blog es que el silencio transmite falta de actividad cuando paradójicamente uno no escribe precisamente por falta de tiempo.
El caso es que llevo tiempo callado y en este tiempo han pasado muchas cosas, a veces más de las que uno quisiera. Entre esas cosas está el cambio de dirección física de NextAcademy, que aún no puedo comunicar, no por superstición, sino por falta de algunos flecos, y también el cambio de dirección de la web.
Los que leyérais el blog o estuviérais suscritos ahora podéis encontrarlo en www.nextcademy.eu (o .es, o .net).
Últimamente allí tengo un poco más de actividad que aquí.
Dice Jorge que va para dos años que empecé a hablar con él para crear un núcleo de innovación en dnx del que pudieran salir nuestros propios proyectos.
No le echaba yo tanto tiempo al tema.
La razón de aquellas primeras conversaciones no era otra que demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de convertir en proyectos rentables los planteamientos que les hacemos a nuestros clientes. Si somos tan listos, ¿por qué no nos jugamos nuestra pasta?. Pues lo hicimos y ya estamos más cerca de saber lo listos que somos.
A pocas semanas de que saquemos la primera beta privada, empezamos a sacar la cabeza.
Dudaba sobre si airear o no esta noticia porque tal y como está el patio uno no sabe si tener como cliente a un partido político te invalida automáticamente como profesional a los ojos de alguien, pero finalmente me decanto por hacerlo público, porque creo que el trabajo lo merece y el equipo que hay detrás también. (Especialmente David de Prado.)
Ayer se hizo pública la web www.lamiradapositiva.com en cuyo desarrollo hemos participado junto a Tanta y que es el primer pasito de un proyecto más amplio de cara a las elecciones de marzo.
La estrategia que planteamos hace unos meses era más ambiciosa y tenía la vocación de crear un espacio de debate permanente entre votantes y candidatos, pero eso es algo que aún queda un poco lejano para el panorama político español.
Los partidos son organizaciones con fuertes tradiciones y con culturas complejas en las que internet va poco a poco haciéndose un hueco, pero en las que le cuesta penetrar. Nosotros hemos tenido la fortuna de encontrar algunas personas con visión y ganas de hacer cosas diferentes y eso nos ha abierto puertas que normalmente permanecen cerradas.
El uso de Drupal como plataforma (que ha sido fundamental en el cumplimiento del timing), la implicación de los equipos del partido para responder preguntas de los usuarios, la creación de los canales para que las ideas de la web pasen a ser consideradas realmente como material de apoyo al programa electoral, son algunas de las cosas difíciles de apreciar desde fuera pero que tienen gran impacto interno.
Las campañas electorales, por numerosos motivos que analizaré en otro momento, están aún concebidas como grandes campañas publicitarias (y de RR.PP), donde la unidireccionalidad es la tónica dominante. Esto crea dinámicas opuestas a las que necesita un medio como internet para desarrollarse.
De cualquier forma la construcción de la sociedad está inevitablemente mediada por la nueva realidad tecnológica por lo que lo único que depende de los partidos políticos no es decir si les va a afectar o no, sino si va a hacerlo antes o después. Yo, mientras siga trabajando con ellos y en la medida de mis posibildiades, intentaré que sea antes.
Para los que creen que mis disertaciones sobre las empresas atómicas y los consultores/emprendedores son puro onanismo mental, aquí les presento el proyecto que Alberto y sus colegas cocteleros se han hecho en los ratos libres.
No digo más ná.
Este fin de semana, tras unas intensas sesiones de trabajo para inventarnos el dnx de 2008, he añadido una máxima más a mi lista de principios dospuntoceristas. Hasta ahora la lista se componía del solitario elemento“cosas más tontas han funcionado”, pero desde hoy le acompaña “el dospuntocerismo bien entendido empieza por uno mismo”.
Y es que, tras ver como otros sectores se desmoronan por no adaptarse a la realidad de los tiempos, he decidido poner mis barbas a remojar.
Siempre he tenido un sentimiento encontrado con la situación de la industria audiovisual. Es indudable que no han elegido el camino correcto para salvar su industria, pero cuando se les dice “el mundo ha cambiado, buscad un nuevo modelo de negocio”, como si eso fuera algo sencillo de hacer, pienso en que pasaría si me tocase hacerlo a mi.
Pues bien, lo he pensado, y se me ha ocurrido proponer para nuestra industria la consultoría Open Source.
El concepto es muy sencillo, liberemos todo el conocimiento que generamos trabajando, hagamos públicos todos los estudios, todos los datos, las estrategias… de tal forma que todos podamos construir sobre el conocimiento de los demás. Consultoras y clientes en una orgía de transparencia consensuada.
¿No es ineficiente tener que repetir caminos que otros ya han andado con profundidad? Transparecia total, acceso a los datos reales (al código fuente) y mash ups estratégicos que retroalimenten la base de conocimiento.
“¡¡¡Pero eso es una locura!!!. Los datos son confidenciales. Son de los clientes. Eso no se puede hacer.” Que se lo digan a los músicos.
¿Es realmente la confidencialidad un elemento tan imprescindible o es uno de esos valores de siglos pasados que arrastramos sin reflexión? ¿En qué consiste la confindecialidad cuándo todo el mundo abre las puertas y las ventanas? ¿A cuántos competidores voy a ser capaz de copiar? ¿Será rentable copiar a otros cuando todo el mundo puede hacerlo sin problemas? ¿Pueden las empresas sin confianza en su propia unicidad competir en mercados cada vez más transparentes? ¿Está la unicidad en los productos o en las personas que los hacen? ¿Son las empresas conjuntos de productos exclusivos o conjuntos de personas con talento?
No tengo ni la más remota idea. Pero pensemos en lo que criticamos a otras industrias que han perdido el sitio por inmovilistas. Son estas cosas abusrdas las que hay que responderse cuando aún parecen totalmente imposibles. Señalar a los demás es fácil, hay que ponerse en su piel para entender el por qué de algunas actitudes.
Si alguien se apunta…ya sabe donde estoy.
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Actualización: Leo esto en Microsiervos
“Los editores de música, literatura, películas, software y televisión son como los canarios que daban la señal de alarma en las minas de carbón: las primeras bajas de una revolución que está extendiéndose por todos los sectores industriales.”
– Don Tapscott / Anthony D. Williams,
en Wikinomics
Tengo el libro encima de la mesa pero la pereza me ha impedido abrirlo así que quedo libre de la sospecha de robo de ideas.
He tenido la fortuna de poder compartir 3 horas de charla con dos personas fascinantes. Uno, ya mayor, al que según confiesa el futuro ha dejado de interesarle, y otro extremadamente joven que devora el porvenir con una energía reposada, humilde e increíblemente productiva.
El primero es Manuel Jalón, creador de cientos de patentes, pero particularmente de dos que cambiaron el mundo; la fregona “española” (realmente el binomiofregona + cubo escurridor de plástico tal y como lo conocemos ahora) y la jeringuilla desechable. El segundo es Santi Ambit que estoy seguro se convertirá en otro transformador del mundo. De momento, a sus 22 años, ha creado cosas tan diversas como unos zapatos para invidentes ( que les permiten identificar mejor los cambios de rugosidad del terreno), un tapón hiperbarato para botellas descorchadas, que junto con un posavasos (posabotellas en este caso) que se convierte en bolsa cilíndrica para cubrir la botella permite llevarse el vino sobrante en restaurantes sin que se derrame ni el contenido ni la dignidad del comensal.
La conversación nos ha llevado por muchos y muy entretenidos caminos que han quedado grabados por David de Prado Sr, el propiciador del encuentro y nexo de unión entre todos, pero para mi ha habido dos momentos especiales.
El primero ha sido conocer de primera mano cómo se gesto un invento como la fregona, que revolucionó la sociedad en aspectos que era imposible prever. Poner a la mujer de pie fue el primer paso físico de un movimiento simbólico de mucho mayor alcance.
Manuel Jalón, era un ingeniero aeronáutico dentro del ejército. Un militar de carrera enamorado de los aviones. Durante uno de los cursos que recibían en Estados Unidos para aprender a realizar el mantenimiento de los aparatos que los americanos nos vendían ocurrió algo que sería la semilla del posterior invento.
Los cursos eran impartidos por turnos a los diferentes países aliados durante 24 horas al día. Dado que nunca se paraba y que el espacio iba siendo ocupado sucesivamente por diferentes grupos de oficiales, era necesario que fueran los propios militares los que se encargasen de dejar las aulas limpias para el turno siguiente. Esto generó un problema a los oficiales españoles que consideraban indigno fregar el suelo. Tras unas negociaciones que evidenciaron la soledad de la postura española ( el resto de países no le veía mayor problema a fregar), los españoles cogieron un fregona y se pusieron manos a la obra. Esa fue la oportunidad de tomar contacto con un instrumento que nuna hubiera caido en manos de Jalón de otra manera.
Las fregonas americanas son diferentes a las nuestras y aunque ya tenían palo para estar de pie, su sistema de escurrido por rodillos era incómodo y poco eficiente.
De vuelta en España Manuel buscaba la forma de dar salida empresarial a su enorme capacidad inventiva y pensaba en elementos para mejorar la aeronáutica cuando un amigo le hizo ver que ese no era el camino. Mientras hablaban y veían a una mujer fregar de rodillas le dijo -“lo que tenias que hacer es levantar a esa mujer del suelo”. Y él recordando su experiencia americana se puso a trabajar.
El proceso fue muy complejo principalmente por dos razones. Una porque el plástico no era un elemento ni común ni facil de conseguir en la españa de los 50, otra porque los sistemas de escurrido que creaban desestabilizaban el cubo volcándolo o vertiendo el agua.
Diseñó el cubo como si se tratara del proyecto de un avión y cuando consiguió el diseño definitivo vino la parte mas difícil; venderlo. Los vendían de uno en uno y fregando los comercios para que la gente entendiera la utilidad del invento. Una mujer cuyo marido obtuvo una de regalo fue a devolverlo porque “no se si ustedes saben que las mujeres friegan de rodillas”.
Decía antes que hubo dos momentos especiales. El segundo ha sido cuando hemos analizado con algo de humor la falta de innovación en España. Andábamos jugando con la teoría de la falta de garajes en los que crear un Apple cuando Manuel se ha puesto muy serio y ha dicho “ojo, el espacio es fundamental. A un pobre dadle espacio”.
Para que aparezca gente con espíritu innovador es necesario disponer de un sitio en el que cacharrear, experimentar, guardar lo que otros desechan. El fomento de la innovacion desde las primeras etapas de la educacion esta muy relacionado con la distribucion del espacio en las casas.
De esta interesante idea hemos saltado al libro de urbanidad que utilizaban en sus tiempos de estudiante. Este libro ofrecía pautas para obtener niños bien educados. La mayoría de ellas encaminadas a la coacción de la curiosidad. Recordaba Jalón como uno de los ejemplos a no seguir era un niño rajando un sillón por el que salían los muelles. Él lo hizo según llegó a casa, quería saber cómo era un sillón por dentro.
Y así nos hemos inventado una teoría sobre una educación basada en la aniquilación de la exploración y el riesgo (niño no hagas eso) y un país de casas mal equipadas para gente con ganas de construir.
Y así se nos ha ido la mañana en Zaragoza. Una buena mañana.
Poniéndome la gorra de cliente ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por que la gente que me asesora en mi proyecto fueran empresarios que se juegan cada día su dinero tomando decisiones como las que me están ayudando a tomar? Creo que algo más de lo normal.
Uniendo esta reflexión a la anterior sobre empresas atómicas se me ocurre que hay un modelo de empresa francamente interesante.
Un modelo de consultora híbrido en el que los consultores pueden desarrollar sus propios proyectos apoyados (y participados minoritariamente) por las empresas y en el que el conocimiento que obtienen en el desarrollo de esos proyectos es aplicado posteriormente a clientes que contratan los servicios de consultoría.
Es decir el consultor deja de “producir” el 100% de sus horas compensando el porcentaje con los posibles ingresos generados por la participación de la empresa en su proyecto y por la posibilidad de cobrar tarifas más altas por sus servicios. A cambio la empresa financia su proyecto y le permite llevarlo adelante liberándole de su compromiso laboral durante un número de horas pactadas.
La consultora se convierte en una especie de fondo de capital riesgo para sus profesionales. Y los nuevos empresarios permiten que la energía que dedican a sus pasiones personales sea beneficiosa para la empresa que les acoge.
Se me ocurren mil peros, pero…¿no merece la pena intentarlo?
Lo difícil es romper con dinámicas que funcionan.